Ya no hay yo porque, a pesar de lo que puedas pensar, no me gusta mucho hablar mucho de mí. Poco me conozco y aún menos me agrado, yo no me agrado y no sé si te agrade a ti o al menos no como antes... Es que yo soy muy variable, muy cambiante, medio loca, lo sé. No me gusta parecerte débil y frágil, no me gusta que veas muchas cosas que están ahí, pero son mías y no quiero compartir ni siquiera contigo que resultas ser una de las únicas situaciones en las que pienso ultimamente.
Y ahora me cuesta encontrarme y me cuesta creer tanto que ha pasado y me cuesta ver esto como una ilusión desagradable que se desvanece, que te aburre, que te cansa y a la que me he obsesionado tontamente. Me cuesta encontrarme entre tantos pensamientos absurdos y no estoy diciendo que seas absurdo sino que en mi cabeza te vuelves amplio, ajeno, más ajeno, más amplio, triste.
Entonces, no sé. Porque se me corta toda la idea cuando te pienso, aunque no te piense en realidad, aunque esté jugando porque me gusta jugar porque sí soy una niña porque no quiero crecer y enfrentar el mundo, dentro de ese mundo tú y me quedo para jugar, bailar, saltar jugar, lejos, lejos. Lejos de ti, dije, lejos de mí, espero, lejos de esto que estoy cortando en dos. Gracias.
Y ahora otra vez voy a variar porque yo soy así, indecisa, variante, infantil, cambiante, medio loca. Voy a dejar ideas, no sé, a ti como ente perfecto que he creado. Y dejaré de hablar tanto de mí, porque aunque no lo creas, no me gusta... porque después yo no existo... porque no hay yo si no hay tú.
miércoles, 28 de enero de 2009
martes, 27 de enero de 2009
Mas Tonta que Inocente
Ella pensó que lo peor que podía pasar era que no llegara y después no le contestara el teléfono. Que se tuviera que quedar en el mismo sitio, con la misma ropa, con la misma cara de tonta con la que tiene la gran capacidad de esperarlo y esa necesidad de tener drama en su vida. Tal cual.
Y buscó algo de qué aferrarse antes de irse, una palabra, una mirada, una sensación que no la hiciera sentir tan irrelevante y ajena a lo que ocurría. No quería caer en cuenta de que se estaba consumiendo poco a poco por dentro y por eso las manos le sudaban y los ojos querían dejar caer las cascadas que estaba guardando hace tanto. Por eso mismo el nudo en la garganta, por eso mismo el golpe en el estómago, por eso mismo la necesidad de que le dijeran que hasta aquí todo. Sabía que debía alejarse del drama por un tiempo porque no le estaba haciendo bien.
Se agarró a la banca con fuerza. Lo recordó, lo miró de nueve maneras diferentes y lo redujo a lo menos que podía reducirlo, quitándole todas las características que quizás alguna vez le pudieron haber gustado de él: su fuerza de hombre, su capacidad de hablar, de amar, de perdonar, de seguir, de cumplir, su madurez, su sonrisa, su gracia y su mirada. Lo redujo a cero y en cero lo volvio un ocho de mentiras mezcladas con verdades y desagrados, desamores, desconsuelos y desulisión. Pero de todas maneras seguía sentada.
Y ella pensó que lo peor que podía pasar era que no llegara y después no le contestara el teléfono. Que se tuviera que quedar en el mismo sitio, con la misma ropa, con la misma cara de tonta con la que tiene la gran capacidad de esperarlo y esa necesidad de tener drama en su vida. Tal cual. Y luego cayó en cuenta, que aún peor era que le estaba perdonando, por otra parte, que nunca hubiera llegado, que no la hubiera pensado, que no fuera tan hombre como para responder y que a pesar que a él no le importara, ella siguiera sentada.
Y buscó algo de qué aferrarse antes de irse, una palabra, una mirada, una sensación que no la hiciera sentir tan irrelevante y ajena a lo que ocurría. No quería caer en cuenta de que se estaba consumiendo poco a poco por dentro y por eso las manos le sudaban y los ojos querían dejar caer las cascadas que estaba guardando hace tanto. Por eso mismo el nudo en la garganta, por eso mismo el golpe en el estómago, por eso mismo la necesidad de que le dijeran que hasta aquí todo. Sabía que debía alejarse del drama por un tiempo porque no le estaba haciendo bien.
Se agarró a la banca con fuerza. Lo recordó, lo miró de nueve maneras diferentes y lo redujo a lo menos que podía reducirlo, quitándole todas las características que quizás alguna vez le pudieron haber gustado de él: su fuerza de hombre, su capacidad de hablar, de amar, de perdonar, de seguir, de cumplir, su madurez, su sonrisa, su gracia y su mirada. Lo redujo a cero y en cero lo volvio un ocho de mentiras mezcladas con verdades y desagrados, desamores, desconsuelos y desulisión. Pero de todas maneras seguía sentada.
Y ella pensó que lo peor que podía pasar era que no llegara y después no le contestara el teléfono. Que se tuviera que quedar en el mismo sitio, con la misma ropa, con la misma cara de tonta con la que tiene la gran capacidad de esperarlo y esa necesidad de tener drama en su vida. Tal cual. Y luego cayó en cuenta, que aún peor era que le estaba perdonando, por otra parte, que nunca hubiera llegado, que no la hubiera pensado, que no fuera tan hombre como para responder y que a pesar que a él no le importara, ella siguiera sentada.
lunes, 26 de enero de 2009
Abschied
No quiero que te canses de mí, por eso me estoy yendo. No quiero que te aburras de esto que somos y por eso me voy a ir sin despedirme. Para que me pienses unos días, te preguntes dónde estoy, me extrañes, me pienses, dudes si estoy bien aunque tú sabes que siempre estoy bien. Nada me daña.
Porque esto que tenemos es bonito, pequeño, tierno y no quiero que se acabe. Es de esas cosas chiquitas que queremos que crean los detalles, los recuerdos y los pensamientos que crean la vida y le dan sal. No, no me gusta la sal pero sin ella sólo hay agua y más agua y no tengo ganas de ahogarme todavía.
No te estoy avisando que me voy. Ya me fui. Y después vas a pensar que yo estoy pensando en ti y quizás no te equivoques, pero no estoy pensando en ti, sino en mí y en lo bien que estaremos lejos... eso escuché en una canción que lejos estamos mejor. Nunca lo creí.
No te estoy avisando que me voy, sino no tendría gracia dejarnos y que después pase cerca de donde estás y no me reconozcas porque no seré la misma cuando vuelva o mientras vaya, o quizás lo que ves no es lo que sabes de mí ni de mi alma y aunque me tomes de las manos y me mires a los ojos y me quieras abrazar y yo te quiera abrazar y aunque ya esté todo aquello olvidado, no me conoces para nada. Yo no sé.
No quiero que te canses de mí, por eso me voy. No quiero que te aburras de esto que somos y por eso quiero te preguntes dónde estoy y me extrañes y me pienses. No te estoy avisando, sólo te recuerdo que estaré bien. Nada me daña.
Porque esto que tenemos es bonito, pequeño, tierno y no quiero que se acabe. Es de esas cosas chiquitas que queremos que crean los detalles, los recuerdos y los pensamientos que crean la vida y le dan sal. No, no me gusta la sal pero sin ella sólo hay agua y más agua y no tengo ganas de ahogarme todavía.
No te estoy avisando que me voy. Ya me fui. Y después vas a pensar que yo estoy pensando en ti y quizás no te equivoques, pero no estoy pensando en ti, sino en mí y en lo bien que estaremos lejos... eso escuché en una canción que lejos estamos mejor. Nunca lo creí.
No te estoy avisando que me voy, sino no tendría gracia dejarnos y que después pase cerca de donde estás y no me reconozcas porque no seré la misma cuando vuelva o mientras vaya, o quizás lo que ves no es lo que sabes de mí ni de mi alma y aunque me tomes de las manos y me mires a los ojos y me quieras abrazar y yo te quiera abrazar y aunque ya esté todo aquello olvidado, no me conoces para nada. Yo no sé.
No quiero que te canses de mí, por eso me voy. No quiero que te aburras de esto que somos y por eso quiero te preguntes dónde estoy y me extrañes y me pienses. No te estoy avisando, sólo te recuerdo que estaré bien. Nada me daña.
domingo, 25 de enero de 2009
Vals
Le pide que bailen una vez más para sentirla cerca aunque sean cinco minutos. Que después se puede ir tranquila y salir de su vida, como ha hecho tantas veces, volver a entrar más tarde, quizás años, quizás meses, quizás días o el tiempo que le tome darse cuenta que los cuentos de hadas podrían existir si las princesas no fueran tan tontas de arruinarlos siempre.
Y él no tiene nombre, no tiene horas, no tiene pasados ni busca recuerdos. Él es libre, por ahora, pero busca encadenarse a ella como si su alma se fuera en ello. No la necesita porque nadie necesita a nadie para ser feliz, ni siquiera si cree amarla y en un caso excepcional de los pocos que se ven, que se conocen, que se sueñan, que se piensan en las mentes más retorcidas y obsesionadas con conocer la verdad de todo, en todo momento, en cualquier lugar para desligarse de la belleza total que ensordece, en uno de esos casos que no se quieren conocer para no sentirse tan patéticos y disconformes con la propia existencia, él la ama en realidad. Lo sabe porque él no busca algo para escapar, para variar, para cambiar de estado su mente y de color su aura, sino que la busca por lo que es. Y por lo que es la está buscando, ella sigue huyendo, y se siente tan tonto, tan tonto, que opaca lo demás, incluso las luces, incluso la música, incluso la gente bailando en círculos como se hacía antes, antes cuando usaban vestidos largos y peinados raros. Ella lo opaca todo.
Es la misma canción de tres tiempos. Todo se mueve en una armonía enfermiza y perfecta. Todo menos ellos, parados en medio de la pista con miradas confusas y profundas. Ella no es profunda, no lo suficiente, pero corre con suerte siempre, tal vez por sus ansias de ser alguien diferente o por su necesidad de ser reconocida. No sabe. Nadie sabe. Ella no puede amar porque no entiende qué es vivir por otro. No es libre ni pura y se ata a los segundos, temiendo cada hora su muerte. Cada 3600 es un fin y lo comprende. Nunca, o al menos no en un futuro cercano, va a querer como la están queriendo y por eso corre, escapa, se va, omite, pide y pide más, pero no existe un ser que le pueda dar más que lo que le están dando y se enoja, se harta, se aburre y sigue pidiendo lo que no es posible conseguir.
Él insiste y la mira fijo, como rongándole con la mirada que se quede y que aprenda a su lado, que no lo deje todavía, que puede tratar de ser más para que ella consiga lo que quiere, si es que quiere algo. Sin hablar, sin palabras, irónicamente sin silencios, la mira fijo. La observa y ya la extraña porque sabe que se irá de todas formas, aunque baile con él, cuando acabe la canción de tres tiempos, pero no le importa , rompe el silencio y le pide que bailen una vez más para sentirla cerca, para recordarla así cuando no quede sino un vacío entre ellos, le dice que después se puede ir tranquila, como ha hecho tantas veces, volver a entrar más tarde, cuando pueda darse cuenta que los cuentos de hadas podrían existir si las princesas no fueran tan tontas de arruinarlos siempre.
Tal vez los príncipes no tienen siempre la culpa, sino los músicos que acaban las canciones de tres tiempos.
Y él no tiene nombre, no tiene horas, no tiene pasados ni busca recuerdos. Él es libre, por ahora, pero busca encadenarse a ella como si su alma se fuera en ello. No la necesita porque nadie necesita a nadie para ser feliz, ni siquiera si cree amarla y en un caso excepcional de los pocos que se ven, que se conocen, que se sueñan, que se piensan en las mentes más retorcidas y obsesionadas con conocer la verdad de todo, en todo momento, en cualquier lugar para desligarse de la belleza total que ensordece, en uno de esos casos que no se quieren conocer para no sentirse tan patéticos y disconformes con la propia existencia, él la ama en realidad. Lo sabe porque él no busca algo para escapar, para variar, para cambiar de estado su mente y de color su aura, sino que la busca por lo que es. Y por lo que es la está buscando, ella sigue huyendo, y se siente tan tonto, tan tonto, que opaca lo demás, incluso las luces, incluso la música, incluso la gente bailando en círculos como se hacía antes, antes cuando usaban vestidos largos y peinados raros. Ella lo opaca todo.
Es la misma canción de tres tiempos. Todo se mueve en una armonía enfermiza y perfecta. Todo menos ellos, parados en medio de la pista con miradas confusas y profundas. Ella no es profunda, no lo suficiente, pero corre con suerte siempre, tal vez por sus ansias de ser alguien diferente o por su necesidad de ser reconocida. No sabe. Nadie sabe. Ella no puede amar porque no entiende qué es vivir por otro. No es libre ni pura y se ata a los segundos, temiendo cada hora su muerte. Cada 3600 es un fin y lo comprende. Nunca, o al menos no en un futuro cercano, va a querer como la están queriendo y por eso corre, escapa, se va, omite, pide y pide más, pero no existe un ser que le pueda dar más que lo que le están dando y se enoja, se harta, se aburre y sigue pidiendo lo que no es posible conseguir.
Él insiste y la mira fijo, como rongándole con la mirada que se quede y que aprenda a su lado, que no lo deje todavía, que puede tratar de ser más para que ella consiga lo que quiere, si es que quiere algo. Sin hablar, sin palabras, irónicamente sin silencios, la mira fijo. La observa y ya la extraña porque sabe que se irá de todas formas, aunque baile con él, cuando acabe la canción de tres tiempos, pero no le importa , rompe el silencio y le pide que bailen una vez más para sentirla cerca, para recordarla así cuando no quede sino un vacío entre ellos, le dice que después se puede ir tranquila, como ha hecho tantas veces, volver a entrar más tarde, cuando pueda darse cuenta que los cuentos de hadas podrían existir si las princesas no fueran tan tontas de arruinarlos siempre.
Tal vez los príncipes no tienen siempre la culpa, sino los músicos que acaban las canciones de tres tiempos.
viernes, 23 de enero de 2009
Principessa
Y le va a decir que es el llamado, que llegó su hora (al fin), que es la elegida y será la princesa del concurso de belleza por el que tanto ha sufrido. Se levantará envuelta en la luz brillante de la victoria, caminará a la ventana, verá los pájaros, el cielo, las plantas y dirá "Oh, maravillosa creación que me rodea", olvidando todas las cosas malas que ha tenido que sortear para llegar a donde está.
Ella no se pregunta dónde está, en todo caso, porque sabe que está en la cima del mundo, que nada puede bajarla de ahí porque es una de las pocas valientes que ha respondido a la llamada y ahora se dirige directamente a su nuevo castillo para hacer feliz a todos, principalmente a sí misma, viviendo como debe vivir alguien que es digna de su calidad de persona.
No se cree superior, sabe que lo es. Todo el mundo está por debajo de su nivel porque no TODO el mundo es llamado, eso piensa, o al menos si todos son llamados, no son todos los que cogen el teléfono y dicen que sí. Nadie se atreve, pero ella lo toma porque quiere salir de su vida mundana y ser doncella por el tiempo que le queda.
Le desagradaba a sobremanera lo que era, siendo sincera, y se le notabs a leguas. Se le notaba cuando caminaba, cuando miraba, cuando respondía con mala cara a las preguntas de la gente, cuando no se quería levantar de la cama porque sabía que de la cama para afuera, sólo encontraría basura que se pega y corroe lo que encuentra a su paso. Es decir, un cambio no le vendría mal y qué mejor cambio que volverse la esposa del rey del reino más grande. Qué mejor cambio que ser alguien nuevo.
Ella nunca se preguntó dónde estaba, en todo caso, porque a nadie le importaba. Se quedaba y pensaba qué diría cuando llegara el que estaba esperando y le dijera que es el llamado, que llegó su hora, que es la elegida y que sería la princesa del concurso de belleza por el que tanto sufrió y se la llevaran al reino mágico de la felicidad absoluta, renunciando al resto, sin importar las condiciones y mucho menos que todo el mundo le dijera que no era un castillo.
Ella no se pregunta dónde está, en todo caso, porque sabe que está en la cima del mundo, que nada puede bajarla de ahí porque es una de las pocas valientes que ha respondido a la llamada y ahora se dirige directamente a su nuevo castillo para hacer feliz a todos, principalmente a sí misma, viviendo como debe vivir alguien que es digna de su calidad de persona.
No se cree superior, sabe que lo es. Todo el mundo está por debajo de su nivel porque no TODO el mundo es llamado, eso piensa, o al menos si todos son llamados, no son todos los que cogen el teléfono y dicen que sí. Nadie se atreve, pero ella lo toma porque quiere salir de su vida mundana y ser doncella por el tiempo que le queda.
Le desagradaba a sobremanera lo que era, siendo sincera, y se le notabs a leguas. Se le notaba cuando caminaba, cuando miraba, cuando respondía con mala cara a las preguntas de la gente, cuando no se quería levantar de la cama porque sabía que de la cama para afuera, sólo encontraría basura que se pega y corroe lo que encuentra a su paso. Es decir, un cambio no le vendría mal y qué mejor cambio que volverse la esposa del rey del reino más grande. Qué mejor cambio que ser alguien nuevo.
Ella nunca se preguntó dónde estaba, en todo caso, porque a nadie le importaba. Se quedaba y pensaba qué diría cuando llegara el que estaba esperando y le dijera que es el llamado, que llegó su hora, que es la elegida y que sería la princesa del concurso de belleza por el que tanto sufrió y se la llevaran al reino mágico de la felicidad absoluta, renunciando al resto, sin importar las condiciones y mucho menos que todo el mundo le dijera que no era un castillo.
jueves, 22 de enero de 2009
Erfahrung
No me molesta el hecho de que no me escuche. Son esas cosas que he aprendido a asumir a traves de los años y con las que me he acostumbrado a convivir ya de tanto pensarlas y de quemarme la cabeza tratando de encontrar una manera de sobrepasarlas. En serio, está bien.
Tampoco me molesta que me ignore de vez en cuando y haga como si no estuviera hablando, fingiendo que no oye o que hay alguien diciendo algo más relevante que lo que digo yo. Yo sé que soy joven todavía, una niña si así lo prefiere, lo cual, a su parecer, me pone en un estatus de opinión más bajo, pues tengo menos experiencia que la mitad de la población del país. Yo lo tengo bien claro, por lo que me son indiferentes las opiniones que pueda tener sobre mí y mi falta de mundo por la corta edad.
También sigue sin ser problema el que yo pase a un segundo plano muy confuso, en todo caso, donde se me castiga el hecho también de ser mujer, cuando se dice tan orgulloso de que yo sea lo que soy. Porque también estoy bastante consiente de que por serlo soy físicamente más débil, por lo que quizás podría aportar menos a la sociedad, si esto fuera el campo y estuvieramos en la época de la colonia. Pero sí soy fisicamente más débil y requiero menos atenciones. Sueno como una mascota perfecta.
En todo caso, sólo quería dejar en claro que no me molesta el hecho de que no me escuche, me ignore y me menosprecie. Son esas cosas que he aprendido a asumir a traves de los años porque si una cosa he entendido en la corta edad que tengo, de tanto quemarme la cabeza por tratar de encontrarles una solución y gracias a mi aguda intuición femenina es que todo se toma de quien viene. Y usted, es un idiota.
Tampoco me molesta que me ignore de vez en cuando y haga como si no estuviera hablando, fingiendo que no oye o que hay alguien diciendo algo más relevante que lo que digo yo. Yo sé que soy joven todavía, una niña si así lo prefiere, lo cual, a su parecer, me pone en un estatus de opinión más bajo, pues tengo menos experiencia que la mitad de la población del país. Yo lo tengo bien claro, por lo que me son indiferentes las opiniones que pueda tener sobre mí y mi falta de mundo por la corta edad.
También sigue sin ser problema el que yo pase a un segundo plano muy confuso, en todo caso, donde se me castiga el hecho también de ser mujer, cuando se dice tan orgulloso de que yo sea lo que soy. Porque también estoy bastante consiente de que por serlo soy físicamente más débil, por lo que quizás podría aportar menos a la sociedad, si esto fuera el campo y estuvieramos en la época de la colonia. Pero sí soy fisicamente más débil y requiero menos atenciones. Sueno como una mascota perfecta.
En todo caso, sólo quería dejar en claro que no me molesta el hecho de que no me escuche, me ignore y me menosprecie. Son esas cosas que he aprendido a asumir a traves de los años porque si una cosa he entendido en la corta edad que tengo, de tanto quemarme la cabeza por tratar de encontrarles una solución y gracias a mi aguda intuición femenina es que todo se toma de quien viene. Y usted, es un idiota.
miércoles, 21 de enero de 2009
My love, somos rutina.
Porque mañana nos levantaremos temprano, nos pensaremos un ratito, nos tomaremos de las manos en nuestras pequeñas cabezas y nos miraremos a los ojos para sentirnos más cerca. Después tú te bañarás y yo me quedaré viendo televisión comparando nuestra historia con alguna serie de esas que me gustan tanto. Tú hablarás con la pared, te reirás un rato, te sentirás cómodo, sabrás que puedes amar y te acordarás de mí. Yo abrazaré a mi peluche de oso, me acordaré de ti, me reiré, le diré que te quiero y me sentiré cómoda. Luego, me llamarás y hablaremos, te diré que soñé contigo, aunque no sea siempre verdad, me moveré el pelo (porque sé que te molesta) y tú me dirás que tienes curiosidad por saber qué soñé, cerrarás los ojos y fingirás no escucharme (porque sabes que me molesta). Inventaré algo para no decirte cómo me abrazabas en el sueño y te diré que te quiero mucho, mucho, tú te quedarás callado. Entonces, te diré que mejor colgamos porque mañana nos levantaremos temprano para pensarnos un ratito antes de seguir con nuestras vidas.
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